El Callao en un pueblo minero fundado en 1853 con el nombre de Caratal, trasladado posteriormente a la cercanía del río Yuruari, donde se encuentra actualmente.

La tradición minera data de 1724 cuando una legión de capuchinos se ubicó y exploró esta área. En 1842 el explorador brasilero Pedro Joaquín de Ayres supo de la existencia de oro en las riveras del Yuruari. El descubrimiento se convirtió en una especie de relato, pero a principios de 1849, Luis Plassard descubrió una mina cerca de la rivera derecha del río Yuruari.
Con la inmensa posibilidad de la explotación del oro, El Callao se convirtió en un escenario propicio para la mezcla cultural entre los nativos de la localidad y personas aventureras, provenientes de Inglaterra, Francia, Norte América, Guyana, Brasil, Colombia, Perú y el Oeste de la India. Esta mezcla de culturas resultó en una rica tradición con predominancia de la música calipso y fiestas de carnavales.

El ritmo del calipso se escucha en todo el oeste de la India, y adquirió características peculiares en El Callao. Las letras son creadas con un dialecto especial y narrando situaciones específicas que tienen que ver con el pueblo y sus tradiciones. Los instrumentos utilizados para producir este singular ritmo son: cuatro (una especie de guitarra pequeña con cuatro cuerdas), maracas, rayos (similar al güiro), campanas y tambores de madera.
La vida y actividad principal con la que cuenta este distrito, desde tiempos inmemorables, esta relacionado con la actividad del oro. El Callao registra la experiencia de orfebrería más grande del país, gracias a la actividad minera que opera en el pueblo, llenándolo de historia y tradición.

A finales del siglo 19, cuando desapareció una rica veta, las minas fueron cerradas y la aparición del petróleo provocó el éxodo de la población hacia otras ciudades, quedando la actividad económica en quiebra.